Cultura

Abuelas logró identificar a la nieta 126

Abuelas logró identificar a la nieta 126

No solamente es una ficha, se armó todo el rompecabezas. ¡Ya la quiero! Es una genia, ya la quiero.

"Estoy muy orgullosa. No pudieron, esta vez no pudieron, el amor le ganó al odio".

Las Abuelas de Plaza de Mayo han centrado sus esfuerzos desde hace 40 años en restituir la identidad del total de 500 niños que se estima fueron apropiados por el régimen militar. Veía recuperar a otros nietos y me decía 'a mí nunca me toca'. Su partida de nacimiento había sido elaborada por Juana Franicevich, quien ya había fraguado los certificados de otros tres nietos restituidos recientemente. Aunque los primeros estudios de identidad dieron negativos, se continuaron con los análisis y el martes le confirmaron su identidad. "Mil historias se me venían a la cabeza (...) había tenido que aprender a vivir sin ese pedazo del rompecabezas de mi vida", explicó la nieta que fue reunida con su familia. "No me quedaba otra", confesó. Me puse muy, muy ansiosa.

Estarán presentes "familiares y compañeros de militancia del padre y la madre de la nueva nieta, quien se encuentra feliz de haber conocido la verdad", añadieron, al tiempo que solicitaron a "la prensa y a la sociedad en general la prudencia, el respeto y la confidencialidad que estas noticias requieren".

Estela de Carlotto, por su parte, afirmó: "Cada restitución tiene su matiz, pero esto es especial".

"Vamos quedando pocas Abuelas. Y segundo, si puedo ayudar a quien tiene dudas, bienvenido sea".

Violeta nació en la Ciudad de Buenos Aires el 11 de octubre de 1953. Su familia lo llamaba "Edgar" o "Rober" y sus amigos "El Chueco" o "El Pato". Edgardo militó en la Juventud Peronista, mientras que Violeta lo hacía en la Juventud Universitaria Peronista.

Pronto, ambos se sumaron a Montoneros, donde ella pasó a ser "la Viole" y él, "el Viejo". En el fondo de la vivienda tenían una huerta.

"Ayer a la mañana me llamaron de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad y pensaba que era una llamada cualquiera".

Sin embargo, los jóvenes no pudieron disfrutar de su hija. La joven estaba embarazada de ocho meses. Desde entonces, Edgardo la buscó y luego regresó a Entre Ríos. Cerca de la fecha del posible parto retomó la búsqueda, con el objetivo de encontrar a su hijo.

El turno fue para la hija de Violeta Graciela Ortolani y Edgardo Roberto Garnier, dos militantes peronistas que fueron secuestrados en 1976 y 1977, respectivamente.